
Al acabar la partida, cada equipo contará los puntos que posee, contando, como se ha explicado anteriormente, 11 puntos por cada as, 10 por cada tres, 4 por cada rey, 3 por cada caballo y dos por cada sota. Las demás cartas, aunque pueden haber servido para ganar manos no contabilizan ningún punto. El equipo que más puntos consiga vence. Hay que tener en cuenta que todos los puntos suman 120, de modo que el que pase de sesenta puntos gana. Puede darse el caso de que se empate a sesenta. En algunas zonas ganar por más de cien puntos vale dos puntos. Se suele jugar a tres, cinco o siete partidas ganadas.
En la brisca pueden realizarse diferentes estrategias como:
Si el segundo en jugar va ganando una mano y el tercero no le supera, entonces el último no debe esforzarse en ganar la mano, que ya está ganada por su compañero, sino por echar la carta de mayor puntaje que tenga, exceptuando los triunfos. Por otra parte, el as de triunfo es la carta más valiosa de la partida y es imposible perderla. El tres y el rey de triunfo son también cartas valiosas, y cuando un jugador las pierde, se suele decir que "le han comido el tres o el rey".
Otra estrategia interesante consiste en guardarse el siete de triunfo en la mano, es decir, no intercambiarlo por un triunfo poderoso que está descubierto, para engañar al contrario. De este modo, por ejemplo, el penúltimo jugador ve que hay muchos puntos en juego y decide echar un triunfo alto y, entonces, el jugador intercambia el siete por el triunfo mayor y "se lo come". Esto funciona bastante bien porque los jugadores tienen la tendencia de intercambiar el siete nada más les toque y puede ser especialmente suculento si sirve para "comerse el tres" con el as.
A la brisca se puede jugar con señas, hablando tapado o hablando. Con señas se emplean diferentes señas para decirle al compañero las cartas que se tienen. Hablando tapado se le puede preguntar al compañero si "tiene puntos" o "si tiene brisca (=triunfo)". Hablando se puede hablar abiertamente. Hablando abiertamente se pueden planear muy bien las últimas tres manos, que es donde habitualmente se juegas los triunfos mayores, es decir, el as y el tres.
Una estrategia es leer a los jugadores, es decir, saber qué es lo que tienen probándolos con una sota o un caballo para saber si vale la pena arriesgar algo más valioso, ya que muchas veces ocurre que pierdes los ases y treses hasta el fin del juego, cuando el otro jugador usa triunfos. Tratar de asegurarte de tener los puntos es arriesgado, pero funciona.
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